Señor Jesús Hijo de Dios vivo, ten misericordia de mi, que soy un pobre pecador.

SI A LA VIDA

SI A LA VIDA
NO al aborto

EN QUE CREEMOS

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su Único hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracias del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos. subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

martes, 18 de enero de 2011
“El mismo Cristo que celebramos debe ser el mismo Cristo que vivimos”. Decir liturgia vivida es llevar una vida nueva, actuar como Cristo, pensar como Cristo, amar como Cristo, sentir como Cristo. Cristo resucitado es nuestra fuente y nuestra vida nueva. 


No debe haber división  entre liturgia y vida. 


Las celebraciones son el momento de la siembra, pero después tiene que venir la vida que da frutos sabrosos. Si hemos celebrado el Ágape divino, debemos vivir ese amor a nuestro alrededor. Si hemos celebrado la santidad de Dios, debemos reflejar esa santidad de Dios en nuestra vida y en cada uno de nuestros gestos. Si hemos celebrado la muerte y resurrección de Cristo, debemos morir a nosotros mismos para vivir la experiencia del hombre nuevo, como nos dice san Pablo.

¿Por qué a veces se da esta separación: por una parte, la celebración, por otra, nuestra vida no responde a esa celebración? La respuesta es sencilla: por el pecado y nuestra miseria.
martes, 26 de octubre de 2010
PRINCETON, 22 de octubre (C-FAM) El llanto de un bebé rasgando el aire desde el fondo de un salón de una tradicional universidad estadounidense fue el inquietante contrapunto de una sobrecogedora argumentación a favor de los derechos de aborto.
«Un infante no tiene estatus moral porque no es consciente de sí mismo», afirmó Peter Singer, profesor de bioética.
Singer expuso este argumento en una conferencia histórica que organizó junto con otros expertos en la universidad de Princeton la semana pasada, en busca de un nuevo diálogo sobre la candente cuestión del aborto. Es notable que prácticamente no se debatiera el aborto en sí mismo, tratándose de una conferencia en la que se analizaba la práctica. 
«Debemos deshacernos de la idea del mal», dijo Frances Kissling, militante de los derechos de aborto que se hizo especialista en bioética, y que también estuvo a cargo de la organización de la conferencia.
En el panel principal figuraban dos filósofos australianos de peso pesado: Singer, profesor de bioética de Princeton, y John Finnis, profesor emérito de filosofía de la Universidad de Oxford. Ambos debatieron sobre el «Estatus Moral del Feto».
Finnis sostuvo que la biología y la metafísica determinan el estatus del feto, y, no, la ética, como indicó Singer. Además, se opuso al empleo del término «feto» diciendo que es una «mala palabra».
«El modo en que se lo utiliza en el programa de la conferencia y en su sitio web, los cuales no son contextos médicos, es ofensivo, deshumanizante, perjudicial, manipulador», afirmó Finnis. «Un sitio web que describe ecografías para madres embarazadas no habla de feto, sino de bebé, y los médicos hacen lo mismo, a menos que se trate de abortistas o de alguien que piensa que la madre estuvo o puede estar interesada en el aborto».
Finnis recalcó que los derechos son reconocidos, no conferidos, y rechazó el enfoque de Singer basado en el «estatus moral», que niega la condición de ser humano de los niños en gestación.
Singer defendió su apoyo al infanticidio al afirmar que la autoconciencia confiere estatus moral, y no pertenencia a la especie. El aborto es la matanza de un ser humano, pero no es inmoral porque el niño no pasa el examen de la autoconciencia, aseguró Singer.
En su visión utilitaria, Singer cree que puede existir el deber moral de matar a los humanos que carecen de autoconciencia, incluyendo a los discapacitados, por lo que fue criticado al contradecirse en el caso de su madre.
martes, 28 de septiembre de 2010
¿Qué se entiende por practicar la fe? Practicar la fe no sólo es rezar y participar en los sacramentos. Abarca también el amor a Dios y el amor al prójimo, dar culto a Dios y servir a los demás con la caridad y la justicia.

En uno de sus sermones exhorta San Agustín: “Dichosos nosotros si llevamos a la práctica lo que escuchamos (en la iglesia)…Porque cuando escuchamos es como si sembráramos una semilla, y cuando ponemos en práctica lo que hemos oído es como si esta semilla fructificara” (Sermón 23A). Y añade que la vida cristiana, como la de Jesús, se fundamenta en dos actitudes: la humildad y la acción de gracias.

La humildad lleva, en efecto, a morir a uno mismo para dar la vida a otros. Y la acción de gracias (eso significa Eucaristía) se ofrece a Dios Padre como culto, a la vez que se traduce en servicio por el bien de todos: damos gracias a Dios que nos ha salvado y manifestamos nuestro agradecimiento preocupándonos, con hechos, por los demás.

“Vivamos, por tanto, dignamente –concluye San Agustín–, ayudados por la gracia que hemos recibido y no hagamos injuria a la grandeza del don que nos ha sido dado”.

En definitiva, practicar la fe es ese “vivir dignamente, ayudados por la gracia”. Por tanto, no practica quien no vive los sacramentos, y tampoco practica quien no se preocupa por las necesidades materiales y espirituales de los demás.

“Practicar la fe” es amar a Dios sobre todas las cosas, muriendo al egoísmo y al pecado (la búsqueda del bienestar o del poder a toda costa; ponerse a uno mismo en el centro, ocupando el lugar de Dios). Y al mismo tiempo –con y como Cristo– traducir ese amor en el amor al prójimo. Y esto, en concreto, comenzando por los que nos rodean, en el ambiente de trabajo, en la familia, en las relaciones sociales y culturales.

De esta manera “la práctica de la fe” es, sencillamente, la vida cristiana bien “vivida”, tal y como la pueden y deben ejercitar la mayor parte de las personas, en medio de la calle. La fe lleva a la oración y a los sacramentos, y “fructifica” en el trabajo por el bien material y espiritual de todos, especialmente de los más necesitados.

Sólo así se comprueba que la fe es luz –que asume también la razón– y fuerza que sostiene al cristiano, tanto en las situaciones más comunes como en las más difíciles y extraordinarias de su vida.

Un ejemplo de ello se ve en la película “Prueba de fuego” (Fireproof, A. Kendrick, 2008). Queda claro que la oración y el sacrificio unidos a Cristo son eficaces ante las crisis. Esto es verdad sobre todo cuando la existencia gira en torno a la Eucaristía.

La fe no es un conjunto de teorías, ni tampoco un manojo de sentimientos ni un código de reglas, sino una Vida y un amor, que Dios nos ha entregado en Cristo por la gracia del Espíritu Santo, para que nosotros nos entreguemos por el bien de los demás. Según el apóstol Santiago, la fe sin obras es una “fe muerta”. Practicar la fe es “vivir la fe” y “vivir de fe”. Según Benedicto XVI, la fe lleva a ponerse al servicio del mundo, con el amor y la verdad (cf. encíclica Caritas in veritate, n. 11).

Es bueno recordar lo que dice San Juan en su primera carta: “Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe” (1 Jn 5, 4). Y para entenderlo bien, es importante lo que señala Benedicto XVI en su Carta de convocatoria para la Jornada Mundial de la Juventud (Madrid 2011), “la victoria que nace de la fe es la del amor”. Y añade, como pensando en voz alta: “Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás”.

Así pues, la fe es para practicarla; es decir, para vivirla. Por tanto, el testimonio de la fe es al mismo tiempo un testimonio del amor. Y es la garantía de un mundo más humano, precisamente porque es un mundo según Dios.

fuente:
http://www.encuentra.com
Ramiro Pellitero, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Universidad de Navarra
(Publicado en www.religionenlibertad.com, 7-IX-2010)
jueves, 16 de septiembre de 2010
Uno de la gente dijo:

–Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo.
Jesús le respondió:
–Amigo, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?

Y les dijo:

– ¡Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, que, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes!

Y les propuso una parábola:

–Las tierras de un hombre dieron una gran cosecha.
Él se dijo: ¿qué haré, si no tengo dónde guardar toda la cosecha?

Y dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros mayores en los cuales meteré mi trigo y mis bienes.

Después me diré: Querido amigo, tienes acumulados muchos bienes para muchos años; descansa, come, bebe y disfruta.

Pero Dios le dijo: ¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?

Así le pasa al que acumula tesoros para sí y no es rico a los ojos de Dios.

Lc 12, 13-21

COMENTARIO

¿Quién duda de que necesitemos de los bienes económicos?
Pero de la necesidad se pasa a la ambición y de esta a la avaricia y la codicia. El que entra en la carrera del TENER y acumular ¿se pone límites?

Es realista el Eclesiastés: Hay quienes ni siquiera de noche descansan. Y a cuantos les ha ocurrido lo del personaje insensato del Evangelio: cuando se “decidieron” a parar… les sorprendió la muerte.

¿Tiene sentido tener más y más, acumular bienes como sea: con el sudor de la frente, o con el sudor del de enfrente? Necesitamos que nuestro corazón alcance la sabiduría: convencernos que es sabio “trabajar para vivir” pero es insensato “ vivir prisionero de la avaricia y la codicia”.

La desenfrenada preocupación por amontonar no permite disfrutar de la vida (Prov. 13,12) y mucho menos compartir con quienes lo necesitan.

Fuente: Mensaje de la liturgia, hoja del domingo, Edit. San Pablo Argentina
martes, 7 de septiembre de 2010
Carta I de San Pablo a los Corintios 6,1-11.

¡Cómo es posible que cuando uno de ustedes tienen algún conflicto con otro, se atreve a reclamar justicia a los injustos, en lugar de someterse al juicio de los santos?
¿No saben ustedes que los santos juzgarán al mundo? Y si el mundo va ser juzgado por ustedes, ¿cómo no van a ser capaces de juzgar asuntos de mínima importancia?
¿Ignoran que vamos a juzgar a los mismos ángeles? Con mayor razón entonces, los asuntos de esta vida.

¡Y pensar que cuando ustedes tienen litigios, buscan como jueces a los que no son nadie para la Iglesia!

Lo digo para avergonzarlos: ¡por lo visto, no hay entre ustedes ni siquiera un hombre sensato, que sea capaz de servir de árbitro entre sus hermanos!
¡Un hermano pleitea con otro, y esto, delante de los que no creen!
Ya está mal que haya litigios entre ustedes: ¿acaso no es preferible sufrir la injusticia o ser despojado?

Pero no, ustedes mismos son los que cometen injusticias y defraudan a los demás, ¡y esto entre hermanos!

¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios.


Algunos de ustedes fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por Espíritu de nuestro Dios.



ACTO DE ENTREGA A DIOS

Toma, Señor, y recibe mi libertad, mi memoria, mí entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo torno; todo es tuyo; dispón de ello conforme a tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me baste.

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